lunes, 8 de enero de 2018

Alaska, los glaciares de la península de Kenai.


Dejamos con pena Valdez, ha merecido la pena conocer este puerto natural y sus alrededores. Salimos hacia Anchorage.







El valle del rio Matanuska fue de los primeros asentamientos donde se establecieron  familias venidas de los estados del sur, cuando los americanos compraron Alaska a los rusos.







Este rio nace del deshilo del glaciar del mismo nombre.




La carretera bordea las montañas Chugach.







Aunque estamos a primeros de agosto y hoy, después de muchos días ha salido el sol, la temperatura es fresca y solo los niños nativos se atreven a meter los pies en el agua.




Cerca de Palmer, junto al rio Matanuska, encontramos un bonito lugar para pasar la noche.




En Alaska es más difícil ver animales salvajes que en Canadá porque la caza es un medio de subsistencia. Sin embargo pueden aparecer en los sitios más insospechados, como este pobre alce atrapado en la valla de la autopista de entrada a Anchorage.




Nos instalamos en el camping del Parque Centenario.




Y utilizamos las bicicletas para visitar la ciudad.







Anchorage es la ciudad más poblada de Alaska (la mitad de los 750.000 de sus habitantes viven aquí), por esto se la confunde con la capital que es Juneau.







La oficina de información, en una antigua cabaña de madera, está decorada como toda la ciudad con flores.




Las avionetas son el medio de transporte más utilizado. El lago Hood, al oeste de la ciudad es la pista de aterrizaje y despegue de miles de avionetas.







De Anchorage continuamos por la Seward Highway hacia la península de Kenai.







En una parada de la carretera coincidimos con una pareja de Toledo, Ines y Amalio, que con una caravana están recorriendo América de norte a sur en su año sabático.




Nos desviamos por la carretera del glaciar Portage y hacemos el sendero del Blue Ice que recorre varios lagos.







En el rio Portage los salmones están llegando a su destino.







La nueva aplicación “Ioverlander” nos ayuda a encontrar lugares de acampada libre y salvaje, como en este caso junto a un lago.




Allí coincidimos con dos parejas de argentinos que están haciendo el recorrido desde Alaska a Argentina.




La península de Kenai concentra numerosos glaciares.







Siguiendo la carretera hacia Whittier se encuentra el glaciar Byron.




Un sendero junto al rio nos lleva a los bloques de hielo próximos a la lengua del glaciar.







Donde nace el arroyo Byron.




Volvemos a Seward Highway, que ahora  bordea el rio Kenai.







Vamos a recorrer el rio Russian porque queremos ver osos. Entre los meses de julio y agosto los salmones remontan los ríos para desovar, por lo que hay mucha pesca que los atrae.




No tuvimos la suerte de ver ninguno, solo muchos pescadores disfrutando de la abundante pesca.







Es increíble el esfuerzo de estos peces salvando innumerables obstáculos para llegar al lugar que los vio nacer.







Aunque Alaska nos evoque espacios abiertos y salvajes, muy pocas veces se puede disfrutar de ellos. Como este magnífico lugar a orillas del lago Lower Trail, pegado a la carretera y a las vías del tren.







Desde aquí sale una senda que a través del bosque nos lleva hasta el lago Vagt.







Los paisajes en la península de Kenai son de una gran belleza.




Continuando hacia Seward nos desviamos para ver el glaciar Exit.




Es sorprendente ver el retroceso del glaciar debido al cambio climático.




Pero lo que más nos ha sorprendido de Alaska es la enorme cantidad de turistas, auto caravanas, autobuses………….que abarrotan todas las atracciones turísticas.




Nuestro espíritu rebelde nos lleva algunas veces a trasgredir las normas de acampada buscando la soledad y la grandeza de la soñada Alaska.




Unos 200 km al sur de Anchorage se encuentra la pequeña ciudad de Seward de 2700 habitantes, que con sus 100 años es una de las comunidades más antiguas.




Asentada en las orillas de la Bahía Resurrección, vive del turismo y la pesca.







Mapas del recorrido.







Filopensamientos y otras cosas……………….

En las matriculas de los coches de Alaska se lee: The last frontier (La última frontera) y con esa ilusión veníamos a esta tierra que soñábamos indómita, salvaje y desértica.

Solo 750.000 personas viven en este vasto territorio que es más de tres veces España.

Pensábamos que íbamos a encontrar algo parecido a lo que significó para nosotros Namibia en África o Mongolia en Asia.

Pero la realidad ha sido bien distinta, encontramos poco más de cuatro carreteras que apenas cubren un 20% del territorio.

Los parques naturales no tienen acceso para adentrarse en ellos.

 Y una turba de turistas americanos y canadienses, con sus grandes caravanas, abarrota las carreteras y los lugares señalados de interés turístico.

 Poco queda para el viajero que sueña con descubrir un país a su aire y a su libre albedrio.

Aquí todo está pensado para llevar al turista en avioneta, en barco, en tren…a ver esto o aquello o proponerle seudo aventuras de rafting, tirolinas..…, donde hacerse la foto de recuerdo de su estancia en Alaska, aunque en realidad no se entero de donde estuvo.