lunes, 10 de julio de 2017

Canadá, Norte de Nueva Escocia.


Corren los últimos días de mayo cuando iniciamos el recorrido por el norte de Nueva Escocia. La punta noreste de la provincia la ocupa la Isla de Cabo Bretón, a la cual accedemos por un elevado puente.




Venimos atraídos por las descripciones de diversas lecturas que nos hablan de bosques frondosos, praderas verdes y altos acantilados sobre el siempre presente mar.




La carretera que bordea la costa se denomina Cabot Trail. Ahora para cruzar la bahía de Santa Ana un pequeño transbordador hace de puente.






La parte norte de la isla la ocupa el Parque Nacional de las Tierras Altas de Cabo Bretón. En el centro de visitantes del parque nos informan sobre los numerosos senderos que lo recorren.




Todos están perfectamente señalizados y con la información necesaria para recorrerlos.







A veces hay que abandonar la carretera y adentrarse en el bosque por una pista, como esta que nos lleva al lago Warren.




El aparcamiento es un buen lugar para pasar la noche, entre altas coníferas al borde del lago, donde hay una playa de arena rojiza. Allí empieza el sendero que da la vuelta al lago.







Hemos iniciado este recorrido a última hora de la tarde porque es más probable que podamos ver algún animal. Cuando llegamos a cruzar el rio que lo alimenta, el puente se lo ha llevado alguna crecida y tenemos que vadearlo.




Al salir de una curva del sendero nos quedamos paralizados, a pocos metros estaba pastando un alce. Posiblemente con el viento a nuestro favor tardo un poco en descubrirnos.







Después, para nuestra sorpresa, cruzo tranquilamente el lago nadando.




Cerca del lago otra pista nos conduce a un pequeño salto de agua en el rio Mary Ann.




La carretera continua por los acantilados junto al mar y en uno de los numerosos miradores podemos observar a los pescadores de langostas revisando sus nasas.










Unos kilómetros después en Neils Harbour los vimos llegar a descargar sus capturas.







Recorriendo White Point encontramos un viejo cementerio con un recuerdo al navegante desconocido. Un epitafio decía así:
Cuando el océano no es tan grande/ Cuando el  amanecer no llegara mas / Es cuando nuestro apenados corazones se pararan, hasta que encontremos de nuevo la gran playa de Dios.







 Nos alejamos de la costa adentrándonos por una pista hacia el bosque. Buscamos esos rincones más apartados y poco transitados donde sea más fácil ver animales en su hábitat natural.




Acampamos junto a una cascada donde comienza el sendero.







No es fácil ver animales en libertad, solo las pequeñas ardillas se sienten seguras en las ramas de los arboles.




Pero a última hora de la tarde, después de una larga caminata, tuvimos la suerte de encontrarnos con una pareja de alces, tan huidizos que solo los pudimos ver de lejos.




Esta región lleva el nombre de los emigrantes escoceses que se establecieron aquí alrededor de 1800. Este abrigo de piedra era utilizado por aquellos pastores.




Junto a ella se extiende un bosque de arces del azúcar con algunos ejemplares con más de 350 años y 25 metros de altura.




De nuevo la carretera contornea próxima a la costa.




La caza indiscriminada del alce los llevo a su extinción a principios del siglo XX .  Parques de Canadá los reintrodujo de nuevo en 1940. Ahora con suerte, se les puede ver a primera hora de la mañana o ultima de la tarde.







En cambio, algunas aves como la gallina silvestre  o las liebres canadienses nos dejan que nos acerquemos.







Los parques que hemos visitado tienen actualmente un doble problema en sus bosques. Por un lado la plaga de un gusano que se introduce en el tronco de los arboles hasta secarlos. Y por otro el aumento del número de alces que se comen los tallos tiernos de los jóvenes arboles, impidiendo que crezcan.







Con los últimos rayos de sol llegamos al mirador llamado Skyline.







Nos despedimos del parque acampando en una solitaria playa.







Ahora nos dirigimos a la pequeña población de Judique, para asistir a un concierto de música celta en su Centro de Interpretación.







Estas comunidades de casas dispersas no tienen un centro urbano y lo más representativo y antiguo de ellas son sus iglesias, que al estar construidas en piedra han perdurado en el tiempo. Como esta de San Andrews Parish de 1818.




Como el concierto era al día siguiente de nuestra llegada, aprovechamos para hacer en bicicleta un trail que recorría la costa.










El domingo, a las dos de la tarde, una hora muy inglesa para hacer un concierto, asistimos a la inauguración de la temporada musical.




Antes de abandonar la provincia de Nueva Escocia quisimos ver el Centro de fósiles de Joggins. En él se pueden ver restos fosilizados de arboles desaparecidos hace mas de 300 millones de años y que dieron lugar a los depósitos actuales de petróleo y carbón.







Un pequeño recorrido guiado nos lleva a los acantilados donde las mareas más grandes del mundo entran en esta bahía de Fundy en forma de embudo. 200 billones de toneladas de agua suben y bajan una decena de metros cada seis horas y 13 minutos, cuatro veces al día,  dejando al descubierto estos fósiles del periodo carbonífero.







Mapas del recorrido.







Filopensamientos y otras cosas………….

La provincia de Nueva Escocia debe su nombre a los escoceses que aquí emigraron en el siglo XVIII.

Encontraron un paisaje similar al que habían dejado atrás, aunque poblado por la tribu indígena de los mi’kmaqs, que llevaban más de 6000 años instalados y también con un invierno más duro.

Un vecino de Judique, pelirrojo y de ojos azules nos explica lo que fue The Clearance (La Gran Limpieza), una trágica política que vació las tierras altas de Escocia. Los terratenientes comprobaron que les era más rentable tener ovejas en sus tierras que campesino gaélicos, pues estos vivían de sus humildes huertos y pagaban pequeñas rentas.

Por las buenas, abonándoles el pasaje a Canadá, o por las malas, quemando sus casas y amenazándolos de muerte, los terratenientes lograron vaciar gran parte de Escocia.